Misericordia en el desierto: cuando el justo cae y los fariseos no se levantan

Misericordia en el desierto: cuando el justo cae y los fariseos no se levantan


Grabé un video sobre una noticia que, una vez más, ha puesto sobre la mesa una tensión antigua y dolorosa dentro del pueblo de Dios: la diferencia entre confrontar el pecado con verdad y abandonar al pecador arrepentido con dureza legalista.

El tema es el nuevo libro del expastor Steven Lawson, Mercy in the Wilderness: How I Fell & What I Found (en español, Misericordia en el desierto: Cómo caí y qué encontré).

Aquí te dejo el video completo para que lo veas y luego continúes leyendo la reflexión:


Steven Lawson fue durante años una voz respetada en círculos de sana doctrina. Su caída en adulterio se hizo pública, su ministerio se derrumbó y muchos, con razón, se escandalizaron. El pecado no se minimiza. 

La Escritura es clara: el pecado oculto destruye, traiciona y trae consecuencias reales. Nadie que ame la verdad debería justificarlo. Pero lo que ha ocurrido después revela algo más profundo y preocupante. 

Cuando Lawson, según sus allegados más cercanos, se arrepintió; cuando escribió ahora un libro que presenta como confesión franca y no como defensa; cuando habla de la misericordia de Dios encontrada en medio de la ruina… muchos de los que se presentan como guardianes de la pureza doctrinal siguen sin mostrar la misma gracia que dicen predicar.

Algunos incluso han llegado a decir que el libro “es de inteligencia artificial”. Como si la IA fuera ahora el nuevo chivo expiatorio para seguir condenando.

Lawson escribió decenas de libros mucho antes de que la inteligencia artificial se popularizara. Esa crítica no es discernimiento; es fariseísmo disfrazado de celo.

Natán no abandonó a David

La Escritura nos da un modelo claro. Cuando David cayó en adulterio y asesinato, Dios envió a Natán. El profeta no minimizó el pecado. Le contó la parábola, confrontó con valentía y dijo: “Tú eres aquel hombre” (2 Samuel 12:7). Pero Natán no abandonó a David. No lo hizo objeto de escarnio permanente. Después de la confrontación vino el anuncio del perdón (“También Jehová ha remitido tu pecado”) y, más adelante, Natán siguió presente en la vida de David (2 Samuel 12:24-25; 1 Reyes 1:11-14).

  • Confrontar no es abandonar. Disciplinar no es desechar. Perdonar no es justificar. Restaurar no es aprobar el pecado.

Gálatas 6:1 es claro:Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado”.

El problema no es que haya habido confrontación pública del pecado de Lawson. El problema es que, una vez confesado y (según los más cercanos) arrepentido, muchos han preferido seguir apuntando con el dedo en lugar de ejercer la mansedumbre que la Escritura exige a los espirituales.

El legalismo selectivo

Es llamativo cómo, en estos casos, muchos se aferran a un solo requisito de 1 Timoteo 3 (“marido de una sola mujer”) y lo convierten en el único filtro, mientras pasan por alto otros que descalifican a no pocos que hoy ocupan púlpitos y canales de YouTube: amadores de sí mismos, codiciosos, no templados, no hospedadores, etc. Si vamos a ser bíblicos con los requisitos, seamos bíblicos con todos. De lo contrario, solo estamos eligiendo el versículo que nos permite sentirnos superiores.

Proverbios 24:16 dice:Porque siete veces cae el justo, y vuelve a levantarse; mas los impíos caerán en el mal”. El justo cae. Y se levanta. La diferencia no está en si alguien cae o no, sino en si hay arrepentimiento genuino y si la comunidad de fe responde con la misericordia que ella misma ha recibido.

Lo que realmente importa

Al final, lo que importa no es si Lawson cae bien a cierto sector de la internet teológica. Lo que importa es si Dios, en Cristo, ha perdonado. Y si nosotros, que fuimos muertos en delitos y pecados y recibimos misericordia inmerecida, estamos dispuestos a extender esa misma misericordia a un hermano arrepentido.

No se trata de restaurar automáticamente a alguien al púlpito. Ese es otro debate legítimo y necesario. Se trata de no convertirnos en aquellos religiosos que criticaban a Jesús por acercarse a los pecadores. Jesús les respondió con ironía: “Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos” (Lucas 5:31).

El libro de Lawson se titula Misericordia en el desierto. Esa es la palabra clave. Misericordia. La misma que muchos parecen haber olvidado mientras se erigen en jueces de un hombre que ya confesó su caída.

Oremos por Lawson y su familia. Oremos por la Iglesia, para que no caiga en el extremo de encubrir el pecado ni en el extremo de destruir al arrepentido. Y oremos por nosotros mismos, para que no seamos de aquellos que, creyéndose perfectos, terminan sin conocer realmente al Dios de la Biblia.

El justo cae siete veces… y se levanta.
Los fariseos, en cambio, siguen en el suelo, señalando.

Sobre el autor: Claudio Saucedo (ElChosen), Creador de contenidos y autor de reflexiones bíblicas y estudios de las Escrituras.

Comentarios

Videos destacados de ElChosen

youtube.com/@ElChosen