Dios no se redefine ni es una idea abstracta

Dios no se redefine ni es una idea abstracta




Dios no se define por especulación humana, sino por revelación divina

Una afirmación común en debates contemporáneos sostiene que, puesto que Dios es Espíritu (Juan 4:24), no puede hablarse de Él en términos masculinos o paternos, ya que el género pertenecería exclusivamente a la creación. 

A primera vista, esta afirmación parece respetar la trascendencia de Dios. Sin embargo, el problema no está en reconocer que Dios no posee sexo biológico, sino en la conclusión que se extrae de ello.

La Escritura nunca construye la doctrina de Dios partiendo de abstracciones filosóficas sobre Su esencia, sino desde la manera en que Dios decidió revelarse en la historia. La teología bíblica no comienza preguntando qué categorías humanas deberían aplicarse a Dios, sino recibiendo las categorías que Dios mismo escogió para darse a conocer.

La revelación divina es personal, no neutral

A lo largo de toda la Escritura, Dios se revela de manera consistente en términos personales y relacionales: como Padre de Su pueblo, como Rey soberano, como Señor del pacto, como Esposo de Israel, y como Padre de los creyentes.

Este lenguaje no aparece de forma aislada ni accidental. Se repite desde el Antiguo Testamento hasta el Nuevo Testamento, formando una continuidad revelacional. No se trata de una proyección cultural humana sobre Dios, sino del lenguaje inspirado mediante el cual Dios quiso ser conocido.

La Biblia, además, nunca presenta a Dios revelándose como madre ni utiliza lenguaje neutral para referirse a Él como norma. Incluso en pasajes donde se emplean metáforas maternales para describir aspectos de Su cuidado o compasión (Isaías 49:15), la identidad revelada de Dios permanece paternal. Las metáforas describen acciones; la revelación define identidad.

Jesucristo confirma la intención teológica del lenguaje

El punto culminante de la revelación ocurre en Jesucristo. Él no corrige el lenguaje previo ni lo redefine; lo confirma y lo intensifica. Cuando enseña a orar, dice:

Padre nuestro que estás en los cielos…

Esto es teológicamente significativo. Jesús, el Hijo eterno, revela la relación eterna entre el Padre y el Hijo. El lenguaje paternal no surge de una cultura humana, sino de la realidad eterna dentro de la Trinidad misma.

Por esta razón, el término “Padre” no es una simple analogía funcional ni un símbolo reemplazable. Expresa una verdad relacional real dentro de la revelación divina.

Trascendencia no significa neutralidad

Decir que Dios trasciende el género humano es correcto. Pero concluir que, por ello, el lenguaje revelado es intercambiable, es un error. Dios también trasciende el lenguaje humano, y sin embargo eligió revelarse mediante palabras específicas. No toda descripción de Dios es igualmente válida simplemente porque Él esté más allá de nuestras categorías.

La trascendencia divina no elimina la revelación; la hace necesaria.

El peligro de reemplazar la revelación por abstracción

Cuando se afirma que el lenguaje paternal es solo cultural o secundario, el resultado práctico es que el hombre comienza a redefinir a Dios según sensibilidades contemporáneas. En lugar de someterse a la revelación, la revelación es ajustada a las categorías del momento.

Pero la fe bíblica siempre funciona en dirección contraria: no adaptamos a Dios a nuestro lenguaje; permitimos que Su revelación corrija nuestro pensamiento.

Dios no es masculino en un sentido biológico o carnal. Pero sí se ha revelado como Padre de manera intencional, coherente y teológicamente significativa. Negar o diluir ese lenguaje no es profundizar la doctrina de Dios, sino apartarse del modo en que Él quiso ser conocido.


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