En medio de una cultura que normaliza la terminación de matrimonios por múltiples razones, la Palabra de Dios nos invita a reflexionar profundamente sobre el significado del pacto matrimonial. Quiero abordar un tema delicado: las consecuencias del divorcio por motivos no bíblicos, e incluso exploraremos la perspectiva divina sobre el perdón frente al adulterio.
El diseño original de Dios:
"Por esto el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre" (Mateo 19:5-6). Estas palabras de Jesús nos recuerdan que el matrimonio no es meramente un contrato humano, sino una unión sagrada establecida por Dios.
Jesús menciona específicamente una razón por la cual existe el divorcio: "Cualquiera que repudia a su mujer, salvo por causa de fornicación, y se casa con otra, adultera" (Mateo 19:9). Sin embargo, es crucial entender que esta "permisión" no es un mandamiento. Es una concesión debido a la dureza del corazón humano (Mateo 19:8), Dios aborrece el divorcio (Malaquías 2:16).
En nuestra era de gratificación instantánea y expectativas irreales, muchos matrimonios se rompen por razones que contradicen el llamado bíblico a la perseverancia y al amor sacrificial:
"Me divorcié porque mi esposo/a no satisface todas mis expectativas" - Como cuando alguien dice: "Mi esposa grita mucho y no me prepara la cena", reduciendo el matrimonio a una transacción de servicios en lugar de un pacto de amor mutuo.
"Me divorcié por razones materiales" - Expresado en frases como: "Mi esposa/o no tiene un trabajo millonario" o "Mi esposo no me da el nivel económico que merezco", poniendo las riquezas temporales por encima del tesoro espiritual de la fidelidad.
"Me divorcié por conflictos familiares" - Manifestado en declaraciones como: "Mi esposo no acepta mis hijos y nietos" o "Mi esposa no se lleva bien con mis hijos", situaciones difíciles que requieren sabiduría y paciencia, no necesariamente disolución del matrimonio.
Estos motivos reflejan lo que Jesús llamó "la dureza de vuestro corazón" (Mateo 19:8), donde se prioriza la comodidad, expectativas o felicidad inmediata sobre el compromiso sagrado hecho ante Dios.
¿Qué hay del adulterio y la dureza del corazón?
Aquí llegamos al punto más desafiante. Sí, el adulterio rompe el pacto matrimonial de manera profunda y dolorosa. Pero ¿qué sucede cuando consideramos el corazón que responde al pecado? Cristo enseñó: "Perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas" Marcos 11:25.
Recordemos el encuentro de Jesús con la mujer sorprendida en adulterio (Juan 8:1-11). Los fariseos exigían el castigo merecido según la ley. Pero Jesús, mostrando la perfecta combinación de justicia y gracia, dijo: "El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella". Tras su partida, declaró: "Ni yo te condeno; vete, y no peques más". Cristo extendió perdón donde la ley solo veía condena.
¿Por qué es tan difícil perdonar? Ya sea adulterio o desilusión cotidiana?
Porque el perdón no niega la profundidad de la herida. El perdón cristiano no es minimizar el pecado, sino elegir seguir el modelo de Cristo. Perdonar requiere una gracia sobrenatural, posible solo a través del Espíritu Santo obrando en un corazón rendido. Esto aplica tanto para la traición del adulterio como para las decepciones diarias que mencionamos.
Cuando se opta por el divorcio fuera de los parámetros bíblicos o incluso dentro de ellos, pero sin agotar la posibilidad de la restauración, se debilita del testimonio cristiano ante un mundo que necesita ver el poder transformador del Evangelio.
Hay consecuencias emocionales y espirituales profundas en todos los involucrados, especialmente los hijos y nietos mencionados en esos motivos. También pérdida de la oportunidad de experimentar la redención divina en medio de la ruptura humana. Y la normalización de una mentalidad desechable que contradice "el amor [que] todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta" (1 Corintios 13:7).
El matrimonio restaurado después del adulterio - o después de conflictos familiares, desilusión económica, o decepciones cotidianas - es quizás uno de los testimonios más poderosos del Evangelio que existe.
Muestra al mundo que lo imposible para los hombres es posible para Dios (Lucas 18:27). Es una demostración viviente de la reconciliación que Cristo ofrece a la humanidad separada de Él.
Ninguno de estos conceptos pretende minimizar el dolor del conflicto matrimonial o sugerir que permanecer en un matrimonio abusivo o peligroso sea el mandato divino. Más bien, es una invitación a examinar nuestros corazones y preguntarnos: ¿Estamos buscando la salida más fácil o la gracia transformadora de Dios?
Dios no nos llama a caminos fáciles, sino a caminos redentores. Su gracia es suficiente para el corazón herido, decepcionado o traicionado. En un mundo de soluciones rápidas, el Reino de Dios nos ofrece el camino transformador del perdón radical y la perseverancia santa.
"Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo" (Gálatas 6:2).

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